Emprender no es fácil, ¡mitos sobre el emprendimiento!

Que no te engañen: ¡emprender no es fácil!

Viajes a las Bahamas, hoteles de cinco estrellas y cenas de negocios con Amancio Ortega los jueves por la noche. ¿Que de qué estoy hablando hoy? Del emprendimiento o, mejor dicho, de las perspectivas que muchos emprendedores tienen antes de empezar su negocio. ¿Y cómo no iba a ser así? Lo cierto es que en las publicaciones de emprendedores pintan todo tan bonito… te enseñan a personas que empezaron como tú (sí, sí, como tú), y que ahora son todos empresarios de éxito. Posteriormente te comentan que Steve Jobs y Bill Gates comenzaron sus negocios (ahora imperios) en garajes y claro, empiezas a vislumbrar tu millonario futuro. Pero es cuando te ponen una frase motivadora que te terminas por decidir: ¡monto un negocio!

“Nunca más dependeré de un jefe que no valora mi trabajo de forma adecuada, yo marcaré mi propio horario y en poco tiempo apareceré en una de esas revistas de emprendedores animando a otras personas como yo (sí, sí, como yo) a emprender”. Sin duda, si algo así ha pasado alguna vez por tu cabeza, este artículo es perfecto para ti. Porque emprender un nuevo negocio es una gran idea, de verdad, pero conseguir lograr ser exitoso con él… eso es ya otra historia.

¿Por qué emprender no es fácil?

1. ¿Cómo piensas empezar?: antes siquiera de echar a andar, tienes que decidir una gran cantidad de cosas. Primero y más importante, debes decidir si te conviene crear una empresa o actuar a título personal. En este sentido, yo te recomiendo que crear una S.L. es siempre una mejor opción, pues de cara a captar clientes consigues dar una imagen mucho más profesional, aunque luego seas tú la cara visible de la empresa. Decidido esto, hay una gran cantidad de papeleo que hacer como, por ejemplo, darte de alta de autónomo, crear la empresa y, espera, ¿has decidido ya el nombre? Un buen nombre quizá no te dé el éxito, pero un mal nombre sí que puede quitártelo. ¡Ah! Y que no se te olvide elegir dónde quieres establecerte. ¿Tu casa? ¿Una oficina? ¿Quizás un centro de coworking? El starter kit de todo empresario nobel debe incluir, además, un logo atractivo, una web (aunque sea básica y mínima, pero tienes que aparecer online sí o sí), un atuendo adecuado para presentarte en público y tarjetas. ¡Muchas tarjetas!

2. Los clientes no suelen llamar a tu puerta: finalmente has tomado todas las decisiones, has creado tu empresa y estás en una oficina que te ha quedado bastante bonita. Parece que ya todo va viento en popa, pero, ¿dónde están los clientes? Si eres una empresa grande lo normal es que diferentes compañías llamen a tu puerta para interesarse por tus productos, pero ahora mismo nadie te conoce. ¡Lo siento, pero toca presentar tu negocio! Esto no es algo que todo el mundo sepa ni esté dispuesto a hacer, sobre todo porque es duro y da vergüenza. Así que si echarle cara no es lo tuyo, o contratas a un buen comercial o no emprendas. (Nota esperanzadora: las cualidades de buen vendedor se pueden desarrollar y entrenar. Te aconsejo que realices algún curso de venta y protocolo empresarial y, sobre todo, que ensayes, ensayes, ¡ensayes! tu discurso de presentación.)

3. No vas a ser rico de un día para otro (de hecho, probablemente nunca seas rico): otra de las falsas ideas que muchas veces tienen los emprendedores, es que se van a convertir en millonarios en cuestión de meses. Al fin y al cabo, si mi empresa es mía, todo lo que gano es para mí, ¿no? Pues no. El dinero que ganas es para la empresa, para pagar los gastos de oficina, transporte, materiales y empleados, si tienes alguno. Por supuesto, tú te fijarás un salario, pero no puedes llevarte todo el dinero ganado en el mes, porque llegarán épocas de vacas flacas y deberás ser capaz de asumir los gastos mensuales. Además todo tu sueldo no es para ti, debes pagar los gastos de autónomos y el IVA. Sí, muchos gastos… Ten previsto un pequeño “colchón” financiero para tu primera época de emprendedor, ya que lo normal es que no cobres sueldo de ningún tipo hasta que hayas conseguido arrancar de forma más o menos fluida. Sí, a Bill Gates seguro que también le pasó eso al principio.

4. No todas tus decisiones serán correctas: por muy inteligentes que seamos, es casi imposible que no cometamos errores y hagamos todo perfecto desde el principio. Un emprendedor debe acostumbrarse a errar y seguir luchando. ¡Optimismo (racional) siempre!

5.Los clientes…: tienes que tener en cuenta que el trato con el cliente no es siempre perfecto. Te encontrarás con personas que te exijan cosas que no acordasteis, otras tantas (casi todas, diría yo) que te regatearán el precio y, por supuesto, siempre están los que se hacen los locos a la hora de pagar. Habrá personas con las que te encante trabajar, pero otras simplemente te caerán mal, y tienes que asumirlo con una sonrisa.

Emprender un negocio no es fácil. Habrá momentos duros a lo largo de tu camino, pero la satisfacción, si consigues sacar adelante tu empresa, será inmensa. Y la clave seguro que ya la has oído y leído mil veces: trabajo duro y seguir intentándolo una vez tras otra. ¡Ánimo!

Pilar Benítez, mujer todoterreno

Traductora jurada y amante del poder de la palabra

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